Imprimir esta página
Jueves, 24 Septiembre 2020 10:56

COMUNICADO DEL MSICG EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

El Día Internacional de los Trabajadores, instituido como tal en el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional Socialista celebrado en París en 1889, conmemora la gesta de los trabajadores anarquistas y socialistas de 1886 en los Estados Unidos de América por la limitación de la jornada de trabajo a 8 horas, movimiento por el cual fueron condenados a muerte y ejecutados George Engel, Adolf Fisher, Albert Parsons, August Vincent Theodore Spies y Louis Lingg cuyas condenas se ejecutaron el 11 de noviembre de 1887.

La importancia de recordar estos detalles históricos radica esencialmente en que al no hacerlo y permitir que pasen desapercibidos se corre el riesgo de que se pierda la conciencia histórica y se olvide no solo el por qué del Primero de Mayo sino también la razón de ser de los sindicatos y ello lleve a que la negación de la negación justifique la abjuración de los principios.

Y este es un riesgo cada vez más latente, sobre todo cuando bajo cualquier argumento se produce una amnesia en la que se ha olvidado que el sindicalismo es una expresión de clase, un interlocutor que nace, vive y se desarrolla en la lucha de clases para expresar y defender exclusivamente los derechos e intereses de la clase de la que proviene.

Y este olvido es grave puesto que la contraparte de nuestra clase en esta lucha no ha olvidado la lucha de clases, por el contrario, se la ha tomado cada vez más en serio y ha fortalecido e impuesto su posición de clase a través de políticas de Estado que llevan a procesos de globalización, tratados de libre comercio, reformas laborales, institucionalidad y políticas de ámbito global, debilitamiento fáctico de las protecciones al trabajo y sometimiento del trabajo a una total indefensión, miseria y plena exclusión social y ha llegado a tal punto que no solo nos ha llevado como trabajadoras y trabajadores a negar nuestra propia lucha sino que a legitimar su pensamiento de clase de tal manera que han vuelto realidad su consigna de paz y ganancias para el capital y miseria para la clase trabajadora en cualquier rincón del mundo; de ahí que no es difícil encontrar ejemplos de sindicatos asumiendo diálogos en lugar de impulsar huelgas, buscando condiciones de viabilidad para la inversión en lugar de condicionar ésta a la dignificación del trabajo, atenuando la propia posición para no caer en las llamadas “malas maneras del radicalismo”, privilegiando un lugar en la mesa cómoda del capital a la realidad de la calle del lado de la clase a la que se pertenece.

Este olvido de la esencia y razón de ser del sindicalismo ha llevado a que hoy exista una sustitución del trabajo por el emprendimiento, de la negociación por el diálogo, de la lucha por el consenso y de la reivindicación por la concertación; esto, en términos prácticos, se ha traducido en la reducción y disminución de los estados de bienestar que se habían construido mediante la lucha de clase de los trabajadores y trabajadoras, la pérdida constante de derechos en la vida laboral activa y una protección cada vez más precaria en el retiro al punto de ir convirtiendo el derecho a la jubilación en una expectativa cada vez menos viable y la pensión en algo cada vez más simbólico y el trabajo en trabajo esclavo incapaz incluso de garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo.

Este sindicalismo, que paulatinamente se ha perdido en la comodidad del espacio en la mesa y que está siendo cada vez más domesticado, además del olvido de su esencia de calle, plaza y barricada ha permitido al capital hacerse con dos ventajas estratégicas; la primera, convencer a los trabajadores de que la lucha de clases ha quedado en la historia y; la segunda, fortalecer y hacer cada vez más operativas sus estructuras de clase a nivel global imponiéndonos en cada lugar, en cada país, en cada centro de trabajo, la misma reivindicación de su clase arrebatándonos protecciones en tanto que, desde la nuestra, no acertamos a más que crear estructuras cada vez más burocráticas y que, lejos de plantar la posición de clase a nivel global, contribuyen a aplastar aquellas expresiones sindicales que mantenemos un posicionamiento y accionar congruente con la clase trabajadora.

En su momento, el Tratado de Paz de Versalles reconoció la congruencia e importancia de las reivindicaciones de clase al considerar que: “…existen condiciones de trabajo que implican para un gran número de personas la injusticia, la miseria y las privaciones, lo que engendra un tal descontento que la paz y la armonía universales son puestas en peligro…”, en el escenario actual, la expresión geopolítica de los intereses de clase de las élites y la ausencia de una contraposición efectiva y global de la clase trabajadora ha permitido que se hayan consolidado gobiernos que impulsan la guerra como estrategia comercial y de saqueo de los recursos de otros pueblos, que de manera descarada generan conflictos en las sociedades que están mostrando que existen alternativas viables al modelo económico impuesto desde las elites y que llegan al extremo de saquear abiertamente los recursos de esos pueblos y de utilizar el poder judicial para criminalizar y encarcelar a los promotores un modelo alternativo que lleve dignidad humana a la clase trabajadora y a sus familias, asimismo la expresión geopolítica de los intereses de clase de las élites se ha encargado de domesticar hoy más que nunca al sindicalismo a nivel internacional y nacional para imponer sus intereses.

Por ello el MSICG en este Primero de Mayo conmemora la lucha, el sacrificio, la identidad y la congruencia de la clase trabajadora y de los que día a día hemos hecho y hacemos sindicalismo radical, insolente e incómodo defendiendo los intereses de la clase que representamos y llama al sindicalismo en todas sus expresiones nacionales e internacionales a no dejarse domesticar más por el capital y a no olvidar que es solo a través de la lucha organizada que se puede construir un presente y futuro de dignidad para todas y todos, a construir día a día un sindicalismo claro, coherente y comprometido con su propia clase, a no olvidarse de la calle, a dejar de cambiar banderas por corbatas, consignas por escritorios y a no olvidar que su función no es garantizar la rentabilidad y la paz del capital sino la de garantizar dignidad humana tanto a los trabajadores, trabajadoras y a sus familias.

Guatemala, 1 de mayo de 2019.

¡UNA SOLA VOZ, UNA SOLA FUERZA!

MOVIMIENTO SINDICAL, INDÍGENA Y CAMPESINO GUATEMALTECO –MSICG-